Mantra Japaḥ, la práctica del Mantra

japaḥ es la repetición, en este caso mantrajapaḥ es la repetición de mantra-s.

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Patañjali lo presenta como una opción para rectificar la mente desenfocada o distraída y así poder vivenciar nuestro ser interno (Puruṣa, el observador, Atman, el alma, etc.)[1].

A esta práctica él la coloca en un plano distinto, en un lugar donde nos lleva a observarnos y entendernos, a encontrar otro lugar de conciencia u otro punto de vista, al entrenamiento de las actividades de la mente o inclusive al estado de yoga o samadhī.

 

Es parte del proceso de la meditación y es por ello que la combinación de sílabas que involucra, son tan celosamente cuidadas y transmitidas. Un mantra que nos ha brindado un maestro es como una joya que habremos de cuidar para el resto de nuestra vida, ya que es el promotor de nuestra experiencia de transformación, lo que disipe los velos de la confusión.

 

Según Patañjali, el objeto de nuestra dedicación (en nuestra práctica de plegarias), aquél a quien le oramos, posee un carácter especial, un ser más elevado, al cual no lo manchan ni la confusión, ni las acciones, ni las impresiones mentales, ni los residuos. Él (a quien llama Iśvara) es una guía de muchos maestros, al cual no lo afecta el tiempo, todo lo conoce.

Para estar en relación con este ser es necesario dirigirse hacia Él de una manera adecuada y reflexionar regularmente sobre Sus cualidades.

 

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Buda Shakyamuni, Bodhgaya Temple

 

De la práctica de Iśvarapranidhana, o de la repetición de oraciones, Patañjali nos dice que el resultado será la revelación de la experiencia de la conciencia o la mente observadora (cit) y por ello los obstáculos desaparecerán.[2]

 

De alguna manera, en el proceso de la práctica, vamos despejando nuestra mente ordinaria de forma que nos acerquemos más a una comprensión total de lo que ocurre a nuestro alrededor.

 

Dado que la paz, y el amor devienen de dominar la mente, lo que hacemos es una forma de entrenamiento, una práctica para que nuestra mente ordinaria se aquiete y deje de mirar en direcciones azarosas para que podamos usarla en beneficio de nuestra propia felicidad, felicidad que deviene más allá de nuestra comprensión conceptual saṁprajña.

 

Si bien algunos dicen que con la falta de devoción puede llegar a ser un camino más lento, cuando seguimos caminando, investigar más sobre lo que cantamos puede ayudarnos a disipar dudas que se presentan como obstáculos y puede abrirnos el panorama del punto de vista. Para otras personas, la información puede llegar a ser un impedimento, por eso la confianza en un profesor es tan importante.

 

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Drubwang Tsoknyi Rimpoche y sus alumnos en Bodhgaya, 2011

 

Muchas veces el significado simbólico de cada mantra que nos enseñan o leemos, o de cada deidad, parecen diferir o dar demasiada información, pero en realidad nos ayuda a la hora de la recitación repetitiva del mantra. 

Recordando estos aspectos podemos lograr que no se torne automático hacia un nuevo hábito mecánico, sino que se torne al dharma o al propósito de conectar con la deidad para reconocer brahman y encontrar el camino a liberarnos. 

 

Recordemos que 108 repeticiones (las cuentas de un japa māla o rosario) parecen muchas al comenzar a practicar, pero en realidad es poco comparado con lo que los practicantes hacen normalmente, que pueden llegar a ser miles o cientos de miles por día. Para nosotros, los occidentales, con muchos menos, podemos olvidarnos del propósito, la motivación, visualización o qué sentir mientras repetimos la plegaria, cosa que es el alma de la práctica.

Las cantidad de repeticiones es la que el maestro o profesor considera que serán suficientes y necesarias para nosotros. Podremos contar con japamāla pero también podremos hacerlo con nuestra mano. Si el dedo que cuenta es el dedo gordo nos restarán 12 falanges de los dedos restantes de la mano para usar de unidades.

Una forma tradicional de contar con los dedos es comenzar por la base del dedo índice y seguir hasta la punta, contar las otras puntas de dedos, seguir por el meñique hasta su base, base del dedo anular, base del mayor, falange central del mayor y concluimos con la falange central del dedo anular.

contar con las manos

Gráfico provisto por TKV Desikachar en su libro “El Corazón del Yoga”

Otra forma más cómoda de realizar la repetición, para no perdernos con la cuenta y sumergirnos en la práctica, es contabilizando el tiempo. Tomar el tiempo de práctica contando los mantras la primera vez y luego seguir una alarma temporizado o mirando el reloj. Claro que aquí nos perderemos la oportunidad de relacionarnos con un rosario bendecido o de experimentar la cantidad exacta de mantras pedidos ya que los números tienen carácter sagrado, unos mas que otros.

Las cifras de repeticiones más sagradas que se utilizan habitualmente en ceremonias son: 3, 4, 7, 8, 12, múltiplos de 12, números de mayores dígitos terminados en 8, 108, 84.000, 111.111.

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Dentro de la repetición nuestra mente ordinaria va a encontrar motivos para distraerse, para que se vuelva un hábito y pueda divagar con otras formas.

Al darnos cuenta que estamos agobiados o distraídos, podemos sentir o recordar las enseñanzas donde, por ejemplo, dicen que la primer parte de gāyatrī es de alabanza a la deidad, la segunda es meditación y la tercera la oración de empoderamiento.

Se puede cortar la repetición, dividirla (como en el caso de la ceremonia del gāyatrī, donde se conjuga con los (mahāvyahṛti) o realizar ejercicios especiales con el mantra (vikṛti).

Podemos recordar los atributos de la deidad, recordar su letras, recordar las enseñanzas, recordar nuestro maestro, o los beneficios que nos atrajo, recordar el propósito, etc. Hay muchas formas de volver y reconectar con el propósito.

Otra forma práctica de mantener fresca la motivación, puede ser recitar en distintos niveles de voz. Generalmente se usan tres: normal, susurrado o mental y podemos ir variando entre ellos, o variar el tono.

Tampoco está mal interrumpir conscientemente la práctica, aquietarse, refrescarnos movernos y volver a retomarla. 

 

תמונות מהטיול לבוטן הודו ונפל 458.jpgMeditar con la deidad es realizar algo “con” ella, es una relación que hay que cultivar para generar hábitos (saṁskara) más sanos.

 

No se recomienda repetir nada automáticamente pero sí investigar para desterrar las dudas si eso ayuda para conectarse, sentir, eso es devoción o una conexión sincera. Es a través de la conexión  que podemos encontrarnos con puruṣa, ya que ella, tanto como los deva que nombramos, no se ven afectados por la triguṇa (rajoguṇa, tamoguṇa y sattvoguṇa) que nos hacen cambiar de humor y nos toman nuestra mente casi sin pedirnos permiso.

 

Habiendo puesto algunas advertencias, reciten pidiendo protección, conectando con el objeto de su práctica, sin esperar resultados. Dejen un momento para absorber la energía generada, sin hacer nada. Al final de la práctica, no olviden de compartir con otros seres los resultados positivos que aparezcan como fruto en ustedes y de este modo practicar también la generosidad y la empatía.

 


[1]YS I.21

[2]YS I.29

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